¿Qué es más importante en la vida?

¿Qué es lo que podría hacer que su vida sea bella? Si usted tuviera que poner su energía en alguna cosa que le asegurara una vida bella ¿en qué la invertiría?

En el momento en que usted se hace estas preguntas, ciertas respuestas emergen a su mente. Dichas respuestas podrían ser su fe y sus convicciones religiosas, su trabajo o su familia. Déjeme sensibilizarlo a reflexionar en una respuesta real y no imaginaria, dado que a veces hay una gran distancia entre lo que creemos, lo que queremos o deseamos y lo que vivimos realmente.

Escuché recientemente una conferencia del Dr.Robert Waldinger, quien citaba un reciente sondeo hecho a la generación actual. Al preguntar a los jóvenes qué era lo verdaderamente importante para ellos, respondieron, en un 80% de los casos, que su objetivo era hacerse ricos y, un 50%, deseaban ser famosos. Considero que esto no es sorprendente si se toma en cuenta la cultura en la que vivimos. Incluso, yo añadiría que esto constituye, para muchos de nosotros, el deseo secreto de nuestros corazones, el cual no nos atrevemos a confesar. Públicamente, decimos una cosa y, secretamente, cultivamos otra.

Pero, ¿qué es lo que hace que la vida sea bella y valga la pena?

El Dr. Robert Waldinger añade que la mayoría de las cosas que sabemos sobre la vida humana las aprendemos cuando preguntamos a las personas con las que convivimos, cuáles son las experiencias que han vivido. Estará de acuerdo en que el nivel de confianza de este método no es fiable. El mismo autor hizo esta pregunta: “y si pudiéramos ver vidas enteras a través del tiempo o estudiar a la gente desde su adolescencia hasta el final de su vida, ¿qué descubriríamos como fuente de felicidad y plenitud?”. La respuesta a esta pregunta fue obtenida por la Universidad de Harvard (1). En dicha institución, los investigadores hicieron un seguimiento anual, durante 75 años, de un grupo de 724 hombres. Ellos observaron y preguntaron a estos hombres sobre sus trabajos, su vida familiar, su salud, entre otros aspectos de la vida humana. Éste es el más grande estudio longitudinal jamás hecho.

¿Qué es lo que aprendieron? El mensaje es muy simple, no es la riqueza, ni la celebridad, ni el trabajo lo que hace feliz a las personas, sino las relaciones que establecen con los demás individuos.

Tales relaciones aseguran no solamente la felicidad, sino también la salud.

He aquí tres lecciones obtenidas a partir de esta investigación:

  • Las relaciones son muy buenas para nosotros, mientras que la soledad mata.

Las personas que están en relación con su familia, sus amigos o su comunidad son más felices, físicamente tienen mejor salud y viven más tiempo. Sin embargo, aquellos que se aíslan son menos felices, su salud empeora más pronto y las capacidades de su cerebro declinan más rápido, por lo que tienen vidas más cortas. Uno puede estar casado y sentirse solo, estar en la iglesia todos los domingos y estar aislado. Estar rodeado de gente no significa estar conectado con ellos o tener una relación. Usted puede tener 5000 amigos en Facebook y aun así sentirse solo.

  • La segunda lección de este estudio muestra la importancia de la calidad de las relaciones

Una vez más, no es la cantidad de relaciones que tenemos lo que impacta nuestra vida, sino la calidad de ellas. No es el número de amigos que tenemos, sino la calidad de los lazos que establecemos con ellos y la armonía que reine en nuestras relaciones. Los conflictos continuos dentro de la familia, las disputas con la pareja y las peleas constantes con los niños son perjudiciales para la salud.

  • La tercera lección de este estudio es que las buenas relaciones no protegen solamente nuestros cuerpos, sino también nuestros cerebros.

Según el estudio, resulta que una relación sólidamente establecida con otra persona tiene un efecto protector. La gente que está en relación con alguien con quien puede contar conserva una mejor memoria. Contrariamente, aquellos que están en relación con una persona con la que no pueden contar experimentan de manera precoz una disminución en su memoria.

Como creyentes, ¿qué podemos rescatar de este estudio?

Este estudio demuestra, simplemente, lo que la Biblia siempre ha dicho respecto a la importancia de las relaciones. Desde el libro del Génesis, Dios reconoce que la soledad es enfermiza (Génesis 2:18). A lo largo de todo el Nuevo Testamento, los evangelios así como las cartas del apóstol Pablo insisten en la importancia de las relaciones. Dios es un ser sociable y nosotros fuimos creados a su imagen como seres de relación.

En la realidad de la vida moderna, la iglesia es el mejor lugar para crear esos lazos y establecer buenas relaciones. Es, según yo, una creación genial, deseada por Dios para responder a esta necesidad humana. El peligro de la vida moderna es sufrir la influencia nefasta de este mundo que nos rodea y hace caer, sutilmente, fuera del cuadro de prioridades asignadas por Dios.

La iglesia no es un lugar a donde vamos, sino algo que uno es.

Para millones de creyentes, la iglesia es un lugar a donde vamos una, dos o tres veces por semana. Para Dios, la iglesia somos usted y yo, es un pueblo que se encuentra para adorar a Dios, pero también para estar en relación los unos con los otros. Estas relaciones son vitales para la calidad de nuestra vida. Todos necesitamos de esto.

La iglesia no es algo a lo que asistimos, sino algo en lo que participamos.

En el mismo orden de ideas, muchos creyentes asisten a las reuniones, escuchan los mensajes en internet, en CD o DVD. Por supuesto, muy a menudo son animados y bendecidos por esos mensajes; sin embargo, una vez más, la memoria es una facultad que olvida y con la rapidez y las demandas de la vida cotidiana, tales creyentes se encuentran en las mismas condiciones poco tiempo después. La experiencia de una vida cristiana no debe ser pasiva, sino participativa.

¿Qué forma toma esta participación? El apóstol Pablo la describe muy bien en el versículo siguiente

“Ámense unos a otros con un afecto genuino y deléitense al honrarse mutuamente” Romanos 12:10

Este corto texto pone en perspectiva lo que el estudio de los investigadores de Harvard demostraba. En las relaciones sanas, nuestra necesidad de amor y de afecto es saciada. Debido a la atención o amabilidad, nos sentimos seguros y sabemos que podemos contar los unos con los otros.

Ya sea que usted tenga 20, 30 o 60 años, haga todo lo posible para establecer y mantener relaciones armoniosas. De manera práctica, esto significa tal vez:

  • Pasar menos tiempo delante de la televisión o de su tableta; y más, con la Palabra de Dios para ayudarle a comprender el amor del cual Jesús nos habla.
  • Tomar algunos instantes para llamar por teléfono a alguien que pasa por una prueba o momentos difíciles en su vida; alguien que necesita ser animado y apoyado con un poco de atención.
  • Visitar a sus padres (o a personas de edad avanzada) o personas enfermas que usted sabe que están solas o se han aislado.
  • Pasar tiempo con su esposa, su esposo y sus hijos para salir.
  • Reavivar y desempolvar una vieja amistad.
  • Reconciliarse con un amigo, un miembro de su familia, no importa la persona con la que haya tenido diferencias o malos entendidos.
  • ¡Las posibilidades son ilimitadas!

Así, usted verá muy rápidamente los efectos tanto en usted mismo como en aquellos que le rodean. ¡Entonces usted podrá decir que ha descubierto qué es lo más importante en la vida!

1 réponse
  1. Víctor Garay dit :

    Una verdad en nuestras vidas y como iglesia de Cristo debemos de ser el cuerpo y manifestar lo que Dios es en nuestra vida

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